Happy Birthday To Me PDF Imprimir E-mail
Escrito por Armonía Hache   
Lunes, 29 de Marzo de 2010 21:52

Mujer en ventana   Parecía que se fuese a acabar el mundo en aquella tormentosa tarde de abril. Vagué descalza por la casa huyendo del impertinente silencio que se había apoderado de todo. Sentada junto a aquella ventana tenía una panorámica de la calle muy interesante, permitiéndome observar más allá de la esquina en la cual la calle perdía su nombre, y podía observar a todos esos ciudadanos empapados y cansados que corrían desesperados para llegar a tiempo a la parada del autobús donde el gran autobús verde amenazaba con perderse calle abajo en cualquier momento. Observé distraída también como aquel coche destrozado, aunque algunos lo llaman “arte”, aceleraba junto a un gran charco provocando una película de agua y barro que salpicó a un par de muchachitas que charlaban ajenas a su catastrófico destino, y sin saber muy bien me sorprendí meditando sobre el maravilloso e inquietante mundo de los cumpleaños. Tuve la sensación de que la vida de los cumpleaños se podía catalogar en 5 fases fundamentales: La primera fase se da cuando eres tan pequeño que ni siquiera retienes en la memoria aquellas fiestas de cumpleaños que tus padres, embobados, celebraban para remarcar tus primeros años de vida. Después vienen las fiestas con todos los compañeros del cole y payasos y algún adulto que procuraba, sin éxito, poner orden, y esas fiestas dan lugar a las juergas nocturnas con los coleguillas de turno. Luego llega el momento en el que cumplir años se convierte en una costumbre deprimente y que tan sólo da paso a los chistes fáciles sobre arrugas y barrigas cerveceras que, finalmente, deriva en una total indiferencia. Y allí, junto a aquel frío cristal, no tenía muy claro en qué fase me encontraba yo. No me deprimía cumplir años, todo lo contrario, seguía viendo más cerca los 20 que los 30 pero tampoco esperaba nada especial, aunque bien cierto era que ya teníamos planes para ese mismo fin de semana, pero mucho me temía que mi cumpleaños era una burda e innecesaria excusa para reunirnos todos. Un escalofrío me erizó la piel así que decidí envolverme en una mantita de viaje que amenizaba siempre los fríos días atrincherados en el sofá. Al abrir del armario el olor a madera al cual me estaba acostumbrando inundó el pequeño espacio que conformaba la entrada. Acaricié la balda en busca de aquel tacto suave y, tras hallarlo, tiré de ella con cuidado pero no pude evitar que una vieja caja de galletas se estrellase contra el suelo con un estrepitoso estruendo esparciendo sobre mi parqué viejos y maravillosos recuerdos. Al fin tenía algo en lo que emplear la tarde de mi cumpleaños. Me envolví en la aterciopelada manta, envolviéndome en otro de mis aromas predilecto, el de el olor de su piel recién salida de la ducha, el de su pelo aún mojado, su after shave, olores que llevaban años acechándome en silencio, y volví a situarme junto aquella ventana, extendiendo sobre mi regazo esa vieja libreta plagada de dibujos, fotos recortadas y conversaciones sin sentido, se podría decir que era el facebook de la época. No pude evitar exhalar una carcajada tras otra reviviendo aquellas aburridas tardes y aquellos interminables fines de semana, aunque fuese sentados en el parque con un paquete de pipas, de desastrosas aventuras amorosas y sexuales. Devoré todas y cada una de las letras plasmadas en bolígrafos de colores pero no recordaba la última nota: “Te prometo que algún día tendré el valor suficiente para regalarte el dibujo que hice de ti”. Su letra teñía de verde todo el cuaderno y, en todas las fotos, su sonrisa, sus intensos ojos verdes, su incalculable presencia… No recordaba un instante de mi vida sin él, sin sus cuidados, sin sus miradas, sin sus gestos… Y en un instante me vi buscando una excusa burda para salir corriendo a buscarle. Mirando mi reflejo algo me llamó la atención. Un paraguas negro con rayas grises reposaba apoyando en la pared junto a la puerta. He ahí la excusa idónea.

   Cuando salió de aquel edificio, yo le aguardaba sosteniendo sonriente el paraguas como si se tratase de una reliquia. Él me miró sorprendido y me regaló esa amplia sonrisa que tan loca me tenía.

- ¿Qué haces tú aquí?- me preguntó lanzándose a por mis mejillas.

- Te dejaste el paraguas en casa…- le respondí sonrojándome por primera vez por su presencia.

- ¡Muchas gracias, preciosa!- el paraguas seguía horizontal apuntándole.- Pero… podrías haberlo abierto. Estás empapada…- apreció tras cogerlo por el centro. Me sentí avergonzada. Tenía razón, había salido tan centrada en lo que iba a hacer que no pensé en que estaba empapada a causa de la lluvia.

- Sabes que me gusta pasear bajo la lluvia…- alegué intentando no parecer más lunática de lo normal, y él respondió encogiéndose de hombros y empezó a caminar bajo la fría lluvia cogiéndome de la cintura, pero estaba tan excitada que empecé a tontear con él hasta acabar jugando como dos chiquillos, pisando charcos, salpicándonos, corriendo y riendo como locos. Llegamos a su casa completamente empapados y nuestras pisadas delataron nuestros pasos en el portal hasta la puerta de su piso. Entramos en su casa y fuimos directos a la habitación. Él se quitó la camiseta deleitándome con una visión semidivina y abrió su armario.

- Ponte lo que quieras.- me dijo mientras escarbaba dentro de él, pero yo estaba demasiado ocupada intentando no lanzarme sobre él. Al no responder, él se giró y me miró.- acabarás cogiendo una pulmonía.

   Por segunda vez en la misma tarde me sonrojé ante su presencia pero, en un duelo de pudor, ganó elegantemente pues ese tono de rubor que tiñó su nariz y sus mofletes cuando empecé a desnudarme en su presencia le daba un aspecto tímido e irresistible. Pude sentir su incomodidad incrementar cuando me aproximé a él hasta rozar con mis pechos su piel.

- Quiero el dibujo que me prometiste.- le susurré, aunque realmente el dibujo me daba igual. Él asintió y, sin ni siquiera quitarse los pantalones empapados, cogió el cuaderno de hojas blancas y sus lápices de dibujo sin mediar palabra y colocó algunos objetos que estaban tirados sobre su cama y redistribuyó la lamparilla anaranjada que había iluminado tantas y tantas noches toledanas.

Dibujando

 - Colócate sobre la cama.- me dijo serio, muy profesional. Yo deslicé los dedos sobre mi pelo mojado y lo sacudí para darle un aspecto más sugerente y obedecí. Él comenzó a dibujarme un tanto nervioso. En la penumbra podía ver como su nuez bajaba y subía inquieta y aprecié que de vez en cuando cerraba los ojos, como si intentase controlar un impulso que yo había dejado que me dominase por completo. El calor de mi inquietud era patente, ni siquiera la fría pared en la que apoyaba la espalda podía enfriar ni calmar esos calambres que hacían que mi vagina se contrajese involuntariamente deleitándome con un leve placer que hacía aumentar ese movimiento involuntario. Él soltó el lápiz un instante y volvió a cerrar los ojos cuando mis pezones endurecieron y le señalaban acusadoramente. Miré discretamente hacia la sobra de su sexo esperando encontrarme con una erección que alimentase la esperanza de saciar a mi despertada bestia pero el juego de sombras me impedía descifrarlo, lo que me excitaba aún más. Intenté centrarme en sus manos, que hacían deslizar el lápiz por el papel con una suavidad sensual, como si realmente me estuviese acariciándome. Pequeñas gotas de agua caían de mi húmedo pelo, deslizándose por mi pecho, trazando su curvatura, bajando por mi vientre, hasta morir en mi ombligo, o en mi también húmedo sexo. Y yo me preguntaba si él podría adivinar mi excitación de mi desnuda sexualidad que había dejado expuesta ante sus brillantes ojos. El silencio nos envolvía y podía sentir amplificada su inquieta respiración, inquietud que se apreciaba también en gestos como la incesante forma de acariciarse el pelo, como en el temblor de su pierna. Mientras, yo hacía titánicos esfuerzos por parecer serena e incluso ausente porque a cada segundo que pasaba sentía que, si no me hacía el amor pronto, tendría que salir corriendo para pensar en él con mis manos. De repente, el sonido de la madera cayendo sobre el soporte me sobresaltó.

- ¿¡Ya está!?- pregunté sorprendida.

- ¡No!- exclamó nervioso.- No… no te muevas.- acertó a decir y salió de la habitación para volver con una cámara de fotos entre las manos.- Si no te importa, preferiría hacerte una foto para poder terminar el dibujo…- dijo volviendo a deleitarme con ese tono rojizo que me encantaba de él. Yo le sonreí más excitada aún, aunque un poco desconcertada, y asentí. Tomó varias fotos de la misma posición y cuando anunció que ya estaba, me permití el lujo de posar en diferentes maneras hasta que él terminó de rodillas junto a mí. Acaricié su pecho, parando para sentir el latido de su corazón acelerado. Él reculó y quedó de pie frente a mí, que seguía arrodillada sobre la cama. Entonces me acarició el pelo y, tras pegarme a él hasta el punto de sentir su inminente erección bajo aquellos pantalones mojados, pegué mis labios contra los suyos y dejé que su lengua acariciara la mía.

- Vas a coger una pulmonía.- le dije mientras tiraba de sus pantalones hacia abajo. Él sonrió nervioso y volvió a subir a la cama.

- Pues… tendrás que hacerme sudar.- susurró suave mientras sus manos se deslizaban por la curvatura de mi espalda y volvió a besarme apasionadamente y me apretó contra su tembloroso cuerpo como si quisiera que aquel momento no terminara nunca. Y mi vagina estalló en el más puro de los placeres. Y mi corazón latió acelerado, desbordado, enamorado.

   Y el dibujo quedó a medias mientras nuestras vidas se completaban aquella noche de lluvia en la que descubrimos que la amistad que nos había unido toda la vida había evolucionado adentrándose en un mundo incierto en el que, nuestros cuerpos desnudos, sudando bajo el mismo compás, nos abocaba a la eternidad que se alcanza en un solo instante…   
  

Comentarios (7)
esto si que es fuego
1 Domingo, 04 de Abril de 2010 16:36
ALFONSO
Ya lo digo yo que hay fuegos para apagar todos los días
¡WoOoOoOoW!
2 Martes, 06 de Abril de 2010 10:33
Armonía Hache
¡¡¡Y que viva el cuerpazo de bomberos!!! jijiji
¿Quieres un dibujo?
3 Martes, 06 de Abril de 2010 19:15
monines
Maravilloso relato. Cada día me exci... gustan más.

Por cierto, yo también hago dibujos. ¿Alguna modelo voluntaria?
Cumpleaños felizzzzzz
4 Miércoles, 07 de Abril de 2010 11:20
Bohemia
Y nunca mejor dicho, pedazo de cumpleaños, así da ganas cumplir muchos y muchos másssssss shhuuuuu¡¡
El paraguas
5 Jueves, 08 de Abril de 2010 18:39
(Alfonso)
Hache, nunca una mujer me ha traido un paraguas al trabajo un dia de lluvia. Me parece la expresion maxima del amor. Que bonito.
Me alegro de que os guste...
6 Viernes, 09 de Abril de 2010 10:40
Armonía Hache
Como dice Fito en su canción: "Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo"...

Monines, me alegro de que te exci... te gusten cada vez más... jejeje

Bohemia, ¡QUE VIVAN LAS "FIESTAS PRIVADAS"! ;)

Alfonso, la máxima expresión del amor no es llevarle un día de lluvia el paraguas al trabajo sino seguir haciéndolo cada invierno... El amor no se demuestra con un sólo gesto... El amor es una planta que si no se riega todos los días, se marchita y muere...
El paraguas
7 Miércoles, 14 de Abril de 2010 18:43
(Alfonso)
Tienes razon. Pero tal y como estan los tiempos yo me conformo con un invierno.

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Última actualización el Domingo, 04 de Abril de 2010 16:42