Siete segundos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Armonía Hache   
Martes, 02 de Marzo de 2010 21:34

Siete segundos   La primera noche que pasé de fiesta entre “petardos” y “petardas”, como un espectro más propio de los cuentos de Navidad de Dickens apareció entre el bullicio de gente y fue a derramar su copa y su simpatía sobre mi disfraz de pecadora. Juraría que ni siquiera me había reconocido cuando desplegó sus encantos como un pavo real despliega su cola pero revivir la presentación le hizo recuperar la memoria y ciertas confianzas. Nuestra historia hacía mucho que había acabado pero los restos de aquella confianza nos permitían poder hablar con total libertad, sin miedos y sin censura.

   Reconozco que aún albergaba algo de rencor por su actuación cobarde y desentendida del pasado pero por mucho que intenté mostrarme fría y distante siempre había sabido cómo  arrancarme una carcajada. Siempre había sabido extirparme de cuajo la máscara de chica dura e inaccesible. Aquella noche estuvimos poniéndonos al día y echándonos unas risas por los viejos tiempos pero, al alba, con la despedida, se esfumaron las energías y las ganas de volver a verle.

   La semana pasó como estaba previsto. De la mascletà a la cama, de la cama al bar, del bar a la playa… El último día, por los viejos tiempo, decidimos dejarnos ver por el bar de siempre, aquel que nos vio crecer y cambiar y desaparecer. Pero entrar allí era como montar en un Delorean de vuelta al pasado. Mismos muebles, mismo olores, misma luz y juraría que la misma clientela, pero jamás imaginé que volvería a encontrarme con esos ojos pecaminosos.

Siete segundos- ¿Ahora trabajas aquí?- le pregunté sorprendida. Él sonrió y asintió con la cabeza.

- Total, llevo toda la vida aquí metido… Al menos ahora me pagan por ello.- y rió. Como era de esperar nos dieron las mil de cháchara, justo como en los viejos tiempos. Estábamos tan absortos en nosotros que no nos dimos cuenta de que nos envolvía el silencio. Era de esperar que todos aquellos roces involuntarios y aquellos comentarios chistosos acabaran estampándose en mis labios bajo esa luz tenue que fue testigo de nuestro primer beso, pero el calor que estalló dentro de mí no era ternura sino la rabia contenida que recorrió mi cuerpo como un cáncer dispuesto a asesinar a sangre fría mis ganas de perdonarle. Le aparté de mí con un empujón y mi ira contenida fue a estrellarse contra su cara inexpresiva, como si ya contase con ello.

- Vale, reconozco que me lo merezco.- me dijo clavando sus ojos verdes de ciencia ficción en mi intensa mirada que comenzaba a empañarse. Sus manos húmedas por aquel trapo con el que limpiaba las mesas recorrieron mis brazos hasta entrelazar nuestros dedos.- ¿No vas a perdonarme nunca?

- No tengo nada que perdonarte.- la escarcha empujó aquellas palabras por mi garganta buscando nuevas formas de herirle más allá del físico. Y dicho esto me desprendí de sus manos y emprendí el camino hacia la puerta pero la perseverancia siempre había sido su fuerte.

Siete segundos- ¿No crees que ya es suficiente castigo vivir sin ti?- su voz sonaba tranquila, casi melancólica, detrás de mí pero no podía volver a enfrentarme a aquellos ojos verdes. Estaba claro que era palabrerío barato. Traté de liberarme sin mucho empeño de su atadura pero la gravedad que emanaba su cuerpo me atrajo hasta quedar atrapada entre sus brazos. – Pues si vas a odiarme toda la vida, conserva esto como el único buen recuerdo.- me susurró y volví a sentir la caricia de sus labios firmes sobre los míos. Sentí su calor intentando entrar en un corazón que latía de forma apresurada. Siete segundos duró aquel beso tierno y sincero. Mi orgullo volvió a hablar por mí y agarrándole por la camisa con fuerza, como si me tratase de un matón de discoteca, le arrastré hacia la pared del fondo hasta golpearle contra ella deleitándole con un insulto diferente a cada paso que daba. Aguardé una respuesta por su parte pero se limitó a mirarme con cierto desconcierto y, finalmente, se lanzó a besarme nuevamente sujetándome con fuerza por la nuca evitando que pudiera escaparme. De pronto, la ira dio paso a la envidia. Empecé a envidiar a los labios que habían rozado sus labios, a las manos que se habían enredado en su pelo, a la tela que acariciaba su torso… Quise arrancarle la camiseta de cuajo y arañar su piel suave mientras él  deslizaba su mano derecha desde mi trasero hasta el muslo, alzándola a la altura de su cadera. Me incliné hacia atrás para tirar de ese trozo de tela y desnudar su pecho, momento que él aprovechó para ganar terreno y, sujetándome con firmeza, me alzó, dejándome por encima de él. Le rodeé con las piernas, obligándole a pegarse a mi cuerpo mientras danzaba entre las sillas hasta la mesa de billar. Extrañamente me producía una sensación muy placentera verle desde mi nueva posición, como si estuviese a mi merced, como si yo controlase la situación. Me tendió sobre el tapiz verde aceituna y se tumbó a mi lado, echando un vistazo a mi cuerpo deseoso, y como un animal de caza, me lancé sobre él, situándome de nuevo sobre su cuerpo. Ninguno podíamos disimilar nuestro deseo y ambos podíamos notarlo sin necesidad de mediar palabra, pero esta vez marcaba yo las pautas. Esta vez mandaba yo. Y mi hambre despertó cuando sus colmillos se clavaron en mi cuello al fin desnudo. Mordí su labio inferior hasta escuchar un “ay”, mezcla de placer y dolor, y recorrí su pecho con los dientes. Se desprendió de mí un instante, mientras yo me deshacía de mis vaqueros que limitaban a su manera mis movimientos, y volvió apresurado a yacer junto a mí. Y nuestra gula despertó hasta puntos insospechados cuando aquel chocolate comenzó a recorrer nuestros cuerpos. La avaricia podía conmigo. Quería más y más y más… La plaza del ayuntamiento explotó, alumbrando intermitentemente nuestra propia guerra aquel 19 de Marzo. Podíamos sentir las llamas abrasar nuestras almas lujuriosas fundiendo nuestros cuerpos con cada caricia, con cada beso, con cada suspiro, con su orgasmo y el mío…

Siete segundos    Deambulaba frente a la puerta del Starbucks de manera automática: cinco pasos a la derecha - cinco pasos a la izquierda, cinco pasos a la izquierda – cinco pasos a la derecha. A pesar de ser una persona paciente, esperar nunca fue mi fuerte. Miraba inquieta el móvil a la espera de una llamada o de un mensaje o de que el reloj se parase para poder huir lejos, aunque me sentía incapaz de moverme. Había sido una semana frenética y desequilibrada, agotadora, pero cuando planeé venir no contaba con él, con su presencia, con su sonrisa chulesca y su mirada infantil.

   Siete segundos le bastaron para hacerme caer en la tentación… Siete segundos le bastaron para recrearnos en los siete pecados capitales…

 

Comentarios (8)
Envidia
1 Martes, 09 de Marzo de 2010 16:24
ALFONSO
Hache he de confesarte que te tengo envidia.
Me gustaria escribir la mitad de bien que tu.
Si lo que cuentas lo has vivido "OLE".
Si lo has creado, me gustaria ponerte en un altar para rezarte todas las noches.
o.O
2 Domingo, 14 de Marzo de 2010 13:03
Armonía Hache
Debo reconocer que jamás imaginé estas palabras escritas de tu puño y letra...
Eres como el Dr Jekyll y Mister Hide, me alagas y me aterras a partes iguales... ¿¡Puede ser que la misma persona que pedía encarecidamente que cerrasen mi sección ahora quiera ponerme un altar pagano!? ¿¡Puede ser que mi prosa vil haya acariciado al fin tu alma!?
Fuera lo que fuere, me alegra leer tus palabras, son como el soplo de aire fresco que entra directo a los pulmones cuando ya no puedes respirar...
Alfonso, me quito el bombín...
Dr Jekyll
3 Lunes, 15 de Marzo de 2010 10:28
ALFONSO
¿Que haces esta noche?
Mira el Alfonsito
4 Lunes, 15 de Marzo de 2010 15:27
monines
Si al final va a resultar que nuestro querido Alfonsito tiene su corasonsito y to. jajaja
Ole Armonía
5 Lunes, 15 de Marzo de 2010 15:34
monines
Cada día escribes mejor. Sigue así.
¿¡Qué le has hecho a Mister Hide!?
6 Lunes, 15 de Marzo de 2010 21:15
Armonía Hache
¿Que qué hago esta noche? Si te lo dijera tendría que matarte...
Para Monines
7 Lunes, 15 de Marzo de 2010 21:17
Armonía Hache
Muchas gracias ^.^ Tú me regalaste esta oportunidad...

¡¡¡Besos y quesos!!!
Gracias
8 Martes, 16 de Marzo de 2010 16:50
ALFONSO
Si me vas a matar con tus manos, ya cuento los segundos para que llegue ese momento.

Agrega tu comentario

Tu nombre:
Título:
Comentario:
Última actualización el Lunes, 15 de Marzo de 2010 15:35