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 Siempre he pensado que las reuniones del colegio era un auténtico tostón en las que siempre te dicen que las cosas van estupendamente y que tus hijos estan felicies y contentos, hasta aquí todo normal, por lo general somos las madres las que asistimos a estos eventos pero cada vez más a menudo es compartida esta tarea y este pequeño cambio para mi ha representado una de mis aventuras más divertidas. Como otros años las reuniones con la tutora son individuales pero por aquellas cosas del destino por una confusión ese día y a la misma hora éramos dos las personas que en la sala de espera cara a cara guardábamos un silencio normal dentro del ruidoso despacho de la conserjería del colegio por suerte para mi la persona que tenía delante era el padre de una de las compañeras de clase de mi hija con lo que alguna vez hemos tenido alguna conversación en la puerta del colegio. Siempre me ha caído simpático y no es que sea demasiado guapo ni con un cuerpo escultural pero el estar a su lado siempre ha sido muy agradable, suele gastar un perfume que me resulta excitante y la verdad, porque no decirlo, que sin ser nada del otro mundo siempre he pensado que no estaría mal tener un buen rato de sexo con él. Pasaron unos 10 minutos en los que estuvimos comentando cosas sobre los niños y demás pero sin saber como, la conversación derivó hacia nuestros propios gustos tanto de música como gastronómicos, si darnos cuenta pasó el tiempo , de tal manera que los dos pensamos que se habían olvidado de nosotros. Siguió la conversación y sin darme cuenta un cinturón que sujetaba mi falta se enredó entre los cables de una lámpara del despacho con tan, o mejor dicho buena fortuna para mi que la levantarme tiré del cable mi falda fue al suelo, un chispazo muy fuerte y la luz del despacho se apagó , lo primero que hice es dar un grito del susto y acto seguido intentar encontrar la falda, pero como la misión resultó imponible a la primera no me quedó más remedio que comentar a mi compañero de tertulia lo sucedido y si era posible encontrar la falda por el suelo del despacho, así pues ya os podéis imaginar dos personas adultas a cuatro patas por el despacho a ciegas y una de ellas en tanga como suele pasar en estos casos los líos no vienen solos así que sin querer mi trasero fue a parar en el rostro de Pedro que así se llama el padre de María la compañera de mi hija, justo en ese momento pedro pidió disculpas pero yo noté un tremendo escalofrío, acto seguido el puso las manos en mis nalgas con el gesto de darme la vuelta pero yo decidí que era la mejor postura para seguir en la oscuridad, al notar la resistencia por mi parte él dejó de hacer fuerza y paso a hacerme caricias suaves entre mis piernas hacía mis nalgas, yo abrí más mis piernas para que el pudiera jugar mejor y respondió separando mi tanga y jugando con s lengua entre mis piernas y mi vulva, poco a poco el calor se apoderó de mi cuerpo y mi excitación empezaba a ser de nivel máximo, no paró ni un solo momento de acariciar y lamer mi sexo con una maestría que yo desconocía hasta el momento, mi flujo bajaba por mis piernas como jamás había podido imaginar y el seguía y seguía sin descanso hasta que noté que su aliento se aceleraba y fue cuando dejó de juguetear con la lengua y empezó a introducir los dedos poco a poco con una secuencia de movimientos que producía mucho placer, más que cuando lo hago yo misma cuando el notó que mis gemidos aumentaban y se aceleraban dejo este juego y en unos segundos noté dentro de mi su miembro no demasiado grande, una justa medida pero con gran maestría en su velocidad además con tremendas embestidas que llegaron a hacerme perder el sentido del espacio y tiempo. No tardé en tener el primer y segundo orgasmo seguidos y en ese momento noté que en vació su energía dentro de mi, por cierto mucha cantidad de tal manera que noté que por mis piernas bajaba algo más que mi flujo, siguió con unas cuantas caricias y sacando un pañuelo de su bolsillo limpió mis piernas muy cuidadosamente a la vez que besaba mi trasero una vez terminó la limpieza me levanté para darme la vuelta y justo en ese momento regresó la luz con lo que pude observar que mi falda estaba encima de la pantalla de la lámpara del despacho así que hubiera sido imposible encontrarla en el suelo, cosas del destino. Una vez recompuestos y sin muestras que indicaran nada de lo que había sucedido regresamos a nuestros asientos , justo en ese momento entraba el conserje para decirnos que ese día no podía hacerse la reunión porque había surgido un problema, entonces nos miramos los dos y dijimos, bueno pues otro día será. Nunca más hemos coincidido en el despacho pero nuestras miradas en la puerta del colegio invitan a que otro día podamos tener otro encuentro solo hay un problema los dos estamos casados y estamos bien con nuestras parejas eso si, que nos quiten lo bailado.
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