| Efectos la violencia doméstica, en los hijos |
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| Escrito por Aurora Borealis |
| Miércoles, 18 de Febrero de 2009 23:42 |
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Provoca en los niños baja autoestima, inseguridad, problemas de identidad, se dispersan sus ideas, dificultades en el autocontrol y en la capacidad de control de la agresividad, se crean una auto-imagen pobre y negativa de sí mismos. Indecisos, perfeccionistas, dudan a menudo sobre cosas que deberían tener estables, se genera en estos niños, tristeza, frustración, impotencia. En definitiva los hijos maltratados, sufren y se sienten inferiores por ello.
La violencia se transmite en el aire, con palabras que descalifican, críticas no constructivas, etiquetas que marcan su personalidad como base de sus comportamientos. Esa necesidad de que esos niños sean perfectos, los número uno, competidores, desconfiados. Hay que espabilar, pasar por encima de los demás para llegar el primero, es la perspectiva que inculcan o intentan inculcarles, y si no lo hacen así, son cobardes, estúpidos, necesitan disciplina, madurar… Es una mentalidad de un mundo, visto como una jungla, en la que hay que ser el más fuerte, asumiendo como valores que tiene que adoptar ese niño si quiere ser el hijo que tiene que ser, los que se le impongan. No hay cabida a los errores, no hay cabida a los remordimientos, ni a la pena. Hay que ser serio, fuerte, el número uno, ganar dinero, saberse ganar la vida pero en un sentido aplastante en el caso de los chicos, y tímida, obediente, sumisa y trabajadora, eficiente, buena madre, hija, esposa ,hermana, alumna… en el caso de las chicas. No hay cabida para el contacto que necesitan los hijos, con caricias, amor y palabras de admiración y motivación en esos niños, que tanto necesitan ser abrazados, escuchar cuánto se les quiere, en lugar de machacarlos en lo que se espera de ellos, en cuánto les pueden decepcionar, en qué son capaces de hacer pero no hacen, o en todo lo que no tienen ni idea, aunque se lo propongan. El castigo es su arma más eficaz para hacer efecto en los niños: dejarles de hablar, ignorándolos para que sufran y tomen conciencia de que se portan mal y que se les ignora, se les deja solos, se les abandona emocionalmente, se traduce en un maltrato pasivo, sutil que también destruye la esencia de la fortaleza potencial de los hijos. Los gritos, las órdenes, ejecutar castigos de aislamiento o de privaciones contundentes sin medida, desprecios, y todo ese conjunto de gestos de comunicación no verbal que transmiten odio, incluso asco en ocasiones, aniquilan al niño, convirtiéndolo en un ser receloso, desconfiado, temeroso, agresivo, etc. Además en muchas ocasiones, los hijos para defenderse, utilizan la táctica "si no puedes con el enemigo únete a él", y consiguen convertirse en el modelo de hijo deseado y obligado a ser, tras una máscara que desearía ser diferente, pero que no le da opciones a querer ni serlo. Conscientes de cómo son o han acabado siendo, estos niños se sienten orgullosos de haberlo conseguido, el padre se convierte en un ídolo, en su mentor, en su modelo. De ahí que muchos maltratadores provengan de padres que maltratan. La madre pasa a ser la figura débil, la odian por ello, no están a la altura, todo lo que es la familia gira en torno a la figura del padre, la madre es una mujer, y como tal, limitada a sus limitaciones. No olvidemos, que la base del maltrato es un ser misógino, que no se reconoce como tal, pero que sí actúa como tal. Ese pensamiento que se adhiere en los niños desde muy pequeños, siempre destructivo y paralizante, no les da libertad para poder “crecer libres”, están condicionados a las normas, a los dictámenes, y a la disciplina sútil y directa de los maltratos que sufren. No hay cabida para la comunicación, todo son monólogos y un silencio, que deja huella. Bajar cabeza, asumir, aprender, saber, no olvidar, comprender y entender especialmente que todo es por su bien, en nombre del afecto que se les tiene como hijos y la obligación que se tiene de hacerse responsable de ellos y de tener que estar dibujando esa línea continua que están obligados a pisar, tanto si les va bien como si no.
La violencia doméstica, es una guerra dentro del hogar, de puertas hacia dentro, y aunque no esté presente el maltratador, continua de puertas hacia fuera, porque los efectos son devastadores y el tiempo, no hace más que complicar las cosas si todo sigue igual y no se consigue romper una situación en la que la propia integridad de la familia, corre peligro y su felicidad está condenada, a no ser que se intente cambiar el rumbo de ese barco que se hunde. |
| Última actualización el Martes, 03 de Marzo de 2009 22:30 |



Y después, están los niños que se rebelan, los que intentan salir de la casilla en que los introducen, los que luchan por no ser lo que no entienden, pero a estos niños cuando la violencia psicológica les ha ya tocado de lleno funciones vitales de su formación y desarrollo, se rematan con violencia física, que se suma a la desesperación de una situación sin salida. Si la madre les intenta cubrir, todo se complica, si no les ayuda, también. En caso de que fuera la madre quien maltrata, lo mismo, si el padre se implica, los conflictos, discusiones familiares se convierten en fuente de culpabilidad para estos niños, si no se implican, se sienten solos y traicionados.
Pero si el maltrato continuado sea del tipo que sea crea personas debiles.