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Pensamientos para iluminar tu vida ( libro de José Torne)
La mujer es un manantial lleno de sabiduría, el hombre que vive a su lado tiene la oportunidad de sumergirse en sus aguas y aprender de ella. La mujer por el hecho de tener la posibilidad de ser madre siente como algo suyo la suerte de todos los niños de la tierra. Qué maravilloso es ser mujer, no solo tiene una capacidad ilimitada de amar, sino que además tiene unas ganas inmensas de vivir esta experiencia, expresarla en cada detalle y compartirla con todo el mundo. Al observar el universo entero que el amor que siente la mujer es ilimitado, la escoge para ser portadora de nueva vida. El amor necesita expresarse de todas las formas posibles, y es por ello que elige a la mujer como su más fiel embajadora. Hombre, cuando veas a una mujer, debes saber que por encima de sus virtudes ó defectos es: madre. Capaz de superarse así misma hasta lo inimaginable con tal de cuidar a sus hijos. Si el hombre supiese lo grande que es el corazón de una mujer y las ganas que tiene de amar, la trataría con mucho más respeto.
A diferencia de muchos hombres para los cuales su prioridad inmediata es el éxito profesional, las mujeres tienen el coraje y la valentía de renunciar a todo en beneficio de su familia. La versatilidad a la hora de escoger una prenda de vestir adecuada o el perfume con el que se siente más identificada, demuestra la imaginación y la alegría de vivir que atesora una mujer. Gracias a la alquimia que se realiza en su interior, la mujer es la elegida para traer nueva vida al mundo. Como es posible que el hombre consciente de ello, ante este milagro que se realiza continuamente, no tenga la sensibilidad de agradecerlo y hacérselo saber con diferentes detalles. El hombre moderno ha quedado fascinado por la n nueva tecnología y a de ser la mujer quien custodia las emociones y los sentimientos, la encargada por la vida de hacer comprender a su compañero que por encima de sus prioridades se encuentra el amor. La mujer asume la función de ser madre con un coraje y una ilusión, que asombra hasta al hombre con más determinación. El hombre consciente no solo se enamora de una mujer con nombre y apellidos, si no que valora a todas las mujeres al ser las escogidas por el amor, como las intérpretes ideales en todas sus facetas.
La misma mujer que en su juventud quedaba seducida por las palabras, en su madurez solo quiere hechos. La mujer reconoce muy pronto su papel en la vida, y a partir de ese momento pone todo su empeño en conseguirlo. La mujer supedita su ego a su familia cuando surge un conflicto armado. Debería de haber un consejo de mujeres de ambos bandos en las reuniones diplomáticas. A diferencia de los hombres, ellas, por el bienestar de sus hijos, y de los hijos de los demás, llegarán pronto a acuerdos. La mujer tiene tantas ganas de amar, que lo manifiesta hasta en el detalle más pequeño, y se extraña que la mayoría de los hombres no tengan la capacidad de percibirlo. El hecho de que la mujer sea generadora de vida, hace que se sienta interesada e identificada por todo aquello que comparte su misma situación, por todo aquello que lleva vida en su interior. La paciencia en la espera y la constancia en la entrega, destacan más en la mujer que en el hombre. Saber adivinar como es realmente una persona, más allá de sus palabras y de sus gestos, es una cualidad innata en la mujer. A diferencia de ella, el hombre en la mayoría de los casos, se deja seducir por lo primero que ve.
Aunque en un primer impulso el hombre parece el ganador, la fidelidad y constancia en sus acciones hace que la mujer siempre llegue más lejos. Mientras el hombre le cuenta cada día sus sueños, la mujer toma decisiones e inicia acciones. A pesar de estar en estado alerta permanente, la mujer baja sus defensas cuando se enamora. Aún sin saberlo toda mujer es una actriz vocacional, pues a lo largo de su vida, interpreta de forma magistral múltiples papeles. La mujer es una llama que solo necesita una buena causa para alumbrar el mundo. En la vida, el hombre pone la razón y la mujer la imaginación. El hombre prioriza lo social. La mujer lo emocional. En la mujer la disponibilidad por su familia está por encima de cualquier interés. El hombre que hace una exposición continuada de sus logros y sus aspiraciones, se diferencia notablemente de la mujer que permanece callada escuchando intentando aprender, además de interesarse por la historia personal de los demás. Es el espejo donde él debe mirarse, y al ver su dedicación y su entrega, intentar por lo menos acercarse y parecerse a ella un poco más.
En la mujer, más allá de su capacidad de sacrificio y superación, está su relación con la naturaleza y todo lo que la forma. Sintoniza al ser ella generadora de vida, Igual que nuestra querida madre Tierra. La mujer busca cualquier excusa para cambiar la rutina de un día ordinario, y convertirlo con su magia personal en un día extraordinario. La naturaleza intrínseca de la mujer es: amar, cantar, reír, jugar, construir y compartir. Cuando el hombre que está a su lado no le corresponde en idéntica manera, ella se decepciona.
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