Prepárate para volar PDF Imprimir E-mail
Escrito por Miguel   
Domingo, 10 de Abril de 2011 17:12

En principio, sabemos controlar nuestros pensamientos. En principio, sabemos controlar lo que hacemos. En cambio, parece que no sabemos controlar nuestras emociones. Y es que somos seres emocionales

La potencia sin control no sirve para nada

Uno de los grandes mitos con los que convivimos es que nuestras circunstancias, lo que nos sucede, nos provoca emociones. Sólo excepcionalmente esto es así. Son nuestros pensamientos inmediatos los que activan nuestras emociones. Pensamientos negativos nos provocan emociones negativas; pensamientos positivos, emociones positivas. Pensar que algo me supera, me hunde emocionalmente. Pensar que estoy preparado para lo que se avecina me lanza a lograrlo.

El primer paso para controlar nuestras emociones es percibirlas. Sólo siendo consciente de mi ira puedo sofocarla, sólo siendo consciente de mi miedo puedo afrontarlo.

Controlar las emociones es fácil… ¡¡si sabes cómo!!

Realmente, no tenemos un control directo sobre nuestras emociones, pero tenemos diferentes formas de controlarlas de forma indirecta.

“Si quieres volar, sólo tienes que pensar en cosas alegres” (Campanilla en, Peter Pan)

 

Prepárate para volar


Una de ellas es controlando nuestros pensamientos. Es la forma más sencilla. Decía Campanilla a Peter Pan que para poder volar tenía que pensar cosas alegres. Y así es. Recuerda por un momento cuál fue el día más feliz de tu vida. ¿Cómo fue ese día? Por un momento ya estás volando por encima de todos tus problemas y preocupaciones.

Otra forma sencilla es controlando lo que hacemos. De la misma forma que nuestras emociones impulsan nuestros actos, nuestros actos influyen en nuestras emociones. Levantando la cabeza, sonriendo generosamente, bailando una canción que nos guste de verdad… es imposible sentirse mal. Hacer aquello que haríamos si estuviéramos controlando nuestras emociones nos hace controlar las emociones. Así pues, no olvidemos el valor de nuestra sonrisa.

Libérate de tus anclajes

Un anclaje es una asociación inconsciente de algo presente con una experiencia pasada vivida. Por ejemplo, una canción que nos recuerda un momento emotivo; una foto que nos recuerda un viaje; un olor que nos recuerda algo que comimos en un viaje… Existen anclajes positivos y negativos.

Cuando un comentario es capaz de torcernos el humor y respondemos algo así como un “¿ya estás otra vez con esto?” es porque un anclaje negativo hace que una sola frase nos transporte al origen de la discusión pasada. Es como si entre ese comentario y la discusión original no hubiera pasado el tiempo.

Si detectamos nuestros anclajes negativos podemos hacerles frente, aprender a evitarlos, o simplemente inmunizarnos a ellos.

Pero también podemos crear anclajes positivos. Si tenemos tendencia al nerviosismo, a la depresión etc, podemos crearnos anclajes que nos ayuden a neutralizarlo. Por ejemplo: para combatir la ansiedad, cuando no tengamos ninguna tensión concentrémonos en relajarnos, con música, con lo que se nos ocurra… mientras nos relajamos, nos tocamos, por ejemplo la muñeca en un punto concreto, o en el cuello, no importa el lugar, pero siempre ha de ser exactamente el mismo. Repitiendo esta operación conseguiremos crear una asociación inconsciente entre nuestros momentos de relax y nuestro punto elegido. Con lo que obtendremos un “botón” que nos reduce las pulsaciones por minuto al momento. Eso sí, para mantener el anclaje de vez en cuando hay que repetir el ejercicio.

Ya no tienes excusas para no sentirte bien. Ya no tienes excusas para hundirte. Suelta las anclas. ¿Estás preparado? Pues a volar.

 

Comentarios (2)
AGRADECIMIENTOS
1 Lunes, 11 de Abril de 2011 14:25
Carla.
GRACIAS !
buen humor
2 Lunes, 11 de Abril de 2011 21:16
chuso
hay que amanecer cada día con buen humor esa es la mejor receta, pero para este menester hay que nacer con algo más

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Última actualización el Domingo, 10 de Abril de 2011 17:27