Hasta que la muerte nos separe, en vida. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Aurora Borealis   
Lunes, 03 de Noviembre de 2008 17:41
Hasta que la muerte nos separe en vida

El divorcio y la disolución de una familia despierta mucho sufrimiento y estrés a corto plazo, pero a largo o no tan largo plazo, puede producir paz mental y renovación total como persona y como oportunidad de vivir una vida deseada en lugar de vivir una vida asimilada.

Normalmente todo empieza cuando uno de los integrantes de la pareja, busca una salida a una situación muchas veces insostenible que la hace sufrir y que no le permite disfrutar de la vida. El otro puede ser indiferente (en raras ocasiones), o puede no estar de acuerdo con la separación (lo que ocurre más a menudo), creándose así las bases de un conflicto que muchas veces dura mucho tiempo, demasiado. Y escrito así es la forma más delicada de decirlo, la realidad es bastante fría y dura.

El factor económico es la barrera más difícil de sortear para divorciarse; porque una familia que vive con un presupuesto en una misma casa, luego del divorcio requerirá dos viviendas y un ingreso razonable para seguir viviendo, con o sin los hijos. Es tan cierto este factor que incluso se puede afirmar que cuando no existen problemas económicos que enfrentar, la posibilidad de divorciarse aumenta, porque para muy pocos la convivencia resulta ser un jardín de rosas y el saber “dónde ir después de tomar la decisión o qué hacer una vez que ya no quieres seguir con esa persona” da pie a poder hacer realidad lo que realmente se desea: es un “volver a empezar de nuevo, pero sin ti.”, pero no es sólo un querer, es también  un poder hacerlo.

Convivir en pareja y tener hijos requiere estar dispuesto a tener el propio hogar para brindar amor y hacer feliz al grupo familiar, logrando de esa manera la propia felicidad. Es curioso que algo tan deseado por todos, cuando lo leemos parece como un cuento de hadas imposible, ¿verdad? Es que para tener una familia como la descrita,  es necesario haber logrado cierto grado de madurez, tener dominio de si mismo, control de impulsos, estabilidad emocional y la posibilidad de tener vida una propia, al margen de la pareja y aceptar que el otro también la tenga. Y en los matrimonios esa regla tan sencilla no abunda, todo son desconfianzas, obligaciones, límites impuestos para que pueda funcionar o seguir supuestamente funcionando el matrimonio que tanto pesa, para ambos o para una de las partes.

Una pareja necesita oxígeno para desarrollarse y crecer. No se puede compartir todo en la vida, aunque las personalidades sean compatibles.  Cada integrante de la pareja necesita encontrar un canal de expresión y desarrollar su potencial en alguna actividad más allá del hogar aunque no trabaje; tener sus propias amistades, que no necesariamente se tienen que compartir en pareja y sus propias salidas y compromisos.

Si la pareja no tiene libertad para Ser, se extingue. No se trata de libertinaje para caer en la infidelidad sino de tener un espacio propio. La libertad comienza con la confianza; no se puede mantener ninguna relación si no se basa en la confianza. Es uno de los grandes pilares del Amor.

Las personas no cambian demasiado, apenas un poco con el correr de los años, más de apariencia que de esencia; y la etapa del noviazgo debería ser la prueba que se necesita para evaluar la posibilidad de una relación duradera, pero está más que demostrado que un largo noviazgo no garantiza un amor eterno, ni siquiera duradero. La convivencia va más allá que unos años de pasar de una juventud a una madurez inicial con una pareja que vive pero no convive, que lo pasa bien pero que no comparte más que lo bueno, lo malo suele seguir siendo parte de cada familia respectivamente, cualquier conflicto, problema que surge, no puede basarse en el noviazgo, salvo que sean ya motivos de ruptura, no hay una unión de dos almas en una, solas bajo un mismo techo en el que el amor debiera ser el aire que entrara todos los días en el hogar. Porque paradójicamente, una vez hecho el compromiso suele ocurrir que todo aquello que agradaba de esa persona que se creía amar, ahora los separa. El divorcio tiene que ser una decisión que por lo menos garantice una vida más feliz y la felicidad no depende de otras personas o de otras cosas, sino de uno mismo. Lo peor de todo es la cantidad de parejas que se casan sabiendo de antemano, que algo no va bien y confían al destino su suerte, se dejan llevar, mejor dicho arrastrar por una inercia que ni entienden. Esas dudas, son tan reales como la vida misma, pero son tan poco meditadas y reflexionadas como la verdad. Lo importante, lo más importante es saber que se puede amar y ser libre. El amor no debería ser una soga al cuello y el fin del desarrollo personal, porque de esa manera se convertirá en odio al poco tiempo. Antes de un divorcio es conveniente agotar todas las instancias posibles para lograr una reconciliación porque para los hijos constituye una condición, pero si la única forma de crecer y ser feliz es la ruptura que te lleva a conocer lo que de verdad es el amor sin estancarte en una burbuja que no te deja ver más que un mundo limitado respecto al amor y a la felicidad, rompe con todo y no alargues una condena que no te mereces ni tú ni tu pareja, la oportunidad de que ser felices no es el autoengaño, por mucha comodidad y estabilidad que proporcione..

Incluso para daros una oportunidad, podría ser una solución intermedia, una ruptura temporal, pues para poder vivir en pareja hay que aprender primero a estar solo. La soledad nos enseña a ser independientes y a valorar más la compañía, el interés y el amor de una familia. De esta forma estaríamos más seguros de si lo que estamos haciendo es lo que realmente deseamos. Muchas parejas que dudaban ante un divorcio, se reafirman después, cuando desde una perspectiva más objetiva se dan cuenta de que su decisión fue de las mejor tomadas en toda su vida, así de crudo, así de cotidiano es.

Una terapia familiar puede ayudar a esclarecer confusiones, malas interpretaciones, errores en las expectativas, a mejorar la comunicación, a jugar adecuadamente los roles y a tener en cuenta al otro en cuanto otro y no como la prolongación de si mismo. Y cuando lo que no funciona es el sexo, es lo inherente y paralelo a los conflictos de pareja. Aunque sea difícil creerlo, la mayoría de las dificultades de pareja pasan por su comportamiento en la cama. Es como el espejo del alma en el que se refleja la relación de una forma definitiva, no falla. Las relaciones sexuales raramente funcionan si no funciona la relación y viceversa cuando funciona la relación el sexo es maravilloso.

Ya para terminar el artículo tener presente que una pareja divorciada con hijos siempre tendrá que vivir experiencias comunes, de modo que lo deseable es que continúen manteniendo una relación amistosa entre ellos en favor de los hijos. Los hijos aman tanto al padre como a la madre y desean verlos juntos y felices, no importa tanto que estén separados sino QUE NO SE ODIEN, ni compitan por los hijos, ni los usen como intermediarios. Lo mejor para los hijos cuando se termina una relación de pareja es que logren perdonarse todo y que puedan continuar con sus vidas, respetándose mutuamente. Y todo esto no debería ser una utopía, sino una necesaria realidad.

 

Comentarios (2)
Estraigo una conclusion
1 Miércoles, 10 de Diciembre de 2008 09:53
Conchi Perez
Seria muy importante que las parejas convivieran sin casarse, un periodo de tiempo y aun de tener hijos de esta forma se comprovaria si esa relacion marcha hacia delante.
Estoy convencida de que una receta no la hay
2 Viernes, 19 de Diciembre de 2008 18:46
Aurora Borealis
Pues Conchi ojalá fuera suficiente convivir previamente, pero lo dudo. De todas formas hay factores externos que nunca se controlan, en una relación siempre hay como mínimo dos personas (o tres, o cuatro, ..estoy sumando suegros jaja). La receta de la felicidad no tiene ingredientes, los debemos poner nosotros.

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Última actualización el Domingo, 23 de Noviembre de 2008 13:26