El jefe PDF Imprimir E-mail
Escrito por ALFONSO   
Lunes, 07 de Marzo de 2011 19:49
Hace unos años, antes de tener a Martínez como jefe, tuve una relación un tanto peculiar con mi jefe.

La jefaAmparo (no es su nombre real, para mantener el anonimato) era de esas jefas recién salidas de la facultad de empresariales, con la cabeza llena de ideas, con ganas de comerse el mundo, con muchos títulos y máster pero sin ningún tipo de experiencia en lo que podríamos llamar trabajo de calle, conocía la teoría de la jungla del mercado laboral pero no la práctica.

Yo, como soy una persona bastante extrovertida, enseguida congeniamos y me autodesigné como su tutor para que se integrara de la forma más rápida y menos dolorosa posible en la vorágine comercial de nuestra empresa. Le enseñé los trucos o atajos dentro de lo complicado de nuestro sencillo programa informático. Las personas dentro de las aseguradoras que tenía que tratar para que su trabajo se agilizara y a las que debía de esquivar para que los expedientes importantes no se ralentizaran. Incluso llegamos a tal intimidad que le empecé a contar los pequeños defectos que tenían los distintos compañeros y como pensaba yo que debía tratarlos para que estos sacaran lo máximo de sí. Olvidé que era mi jefe.

Ella también olvidó que era mi jefe y en la primera cena de empresa que tuvimos en Navidad confirmé lo que llevaba unas semanas comprobando e incluso compañeros me habían comentado. No sé cuando comenzó pero un día descubrí que roces, abrazos, coqueteos y comentarios excedían de lo que se podría definir lo normal en una relación entre colegas de trabajo. En la citada cena descubrí, como siempre gracias al dios Baco, que estaba bastante colgada por mí.

Era mi jefa, mi colega, mi pupila y con 12 años menos que yo. No se me había pasado por la cabeza nunca que pudiera ser mi pareja. No me había planteado nunca acostarme con un colega de trabajo, con un amigo, ¡con mi jefe!

Intentando con mucho tacto no herirla e invocando todavía más a Dionisos conseguí rechazarla y que viera que nuestra relación no podía ser. Sólo podíamos ser colegas.

A partir de ese día recordó que era mi jefe. Recopilo todo lo que yo le había enseñado y debido a su enorme preparación e inteligencia lo multiplicó por diez y lo lanzo contra mí.

Mi vida laboral se convirtió en un infierno. Se me asignaba el trabajo más tedioso o duro y casi siempre el menos remunerado. Los compañeros me rechazaban por chivato. Mi salario, debido a la falta de complementos, incentivos y dietas era cada vez más escueto. Me di cuenta que mis días en esta empresa estaban contados cuando un día me dijo, “Sánchez (mi apellido) ¿me puedes traer un café?”, con un tono de voz que se estudia en tercero de comercial (lenguaje neurolingüística), y que quiere decir “chico, sólo sirves para traer el café”

No soy una persona que se dé por vencido fácilmente. Y a grandes males, grandes resultados. Me costó casi dos meses, pero en una reunión comercial que tuvimos en Madrid y que asistí de casualidad, gracias a la baja por enfermedad de un compañero, y con la inestimable ayuda de Baco y Dionisos juntos y con el desgaste que había realizado con mis armas de hombre en su persona durante este tiempo, me la follé.

Durante cinco meses tuve dos trabajos. Uno, el de siempre, pero cada día mejor, nunca he trabajado menos y nunca he cobrado tanto. Nunca he estado tan bien considerado entre los compañeros, mezcla de admiración y miedo, no en vano me estaba follando al jefe.

El otro trabajo era crear una bonita relación mezcla de pasión y amor y que no de odio y rabia que es lo que sentía por esa persona. Tardé cinco meses pero logré hacer lo mismo que ella había hecho conmigo. Darle por culo, tanto física como laboralmente. Fui desgastando la confianza que tenían sus jefes en ella demostrando la falta de coherencia de sus acciones gracias a mis dañinos consejos y a su nublada conciencia por mi amor.

Un día se despertó en Gijón, en una delegación pequeña y sin aspiraciones. Y también con la cama y el corazón vacíos.

Lo de ser un cabrón le cogí gustillo y encima a Martínez, mi nuevo jefe, le encantaba esa cualidad o actitud. Aprendí la lección y a partir de entonces hice lo que la mayoría de los trabajadores hacen, temer y respetar a su jefe. No estaba en mis planes de futuro lo de hacer el amor con Martínez.
Comentarios (2)
la necesidad lo hace todo
1 Martes, 08 de Marzo de 2011 22:19
pacome
Ante los problemas de bajar en el estatus laboral en fin todo por la pasta.
Yo creo que no valoraste bien la prmera ocasión, si una mujer quiere guerra hay que ir hasta agotar la munición, para la próxima ya sabes.
pelandusco más que pelandusco
2 Jueves, 10 de Marzo de 2011 10:29
conchita perez
como que le cogiste el gusto a lo de ser cabron, tú ya lo eras cuando vino tu nueva jefa, fuiste capaz de vender a tus compañeros, que tal vez conocias de varios años, pues conocias sus debilidades, por hacerle la pelota a tu jefa, muy mal muy mal, y luego no querias complicaciones. Chico jugaste mal tus cartas, primero se conoce al jefe, si se le ve inexperto y no aporta nada y tú lo harias mejor dejas que se caiga el solo y tú peleas con tus propios medios y experiencia.

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Última actualización el Lunes, 07 de Marzo de 2011 20:08