| Sinceramente |
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| Escrito por ALFONSO |
| Jueves, 02 de Septiembre de 2010 14:56 |
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Después de la muerte de mi mujer entré en una pequeña depresión que me llevaba a pasar largas horas en el parque que tengo enfrente de mi casa. Me aparcaba en un banco y se me perdía la mirada y la mente viendo jugar a los niños en los toboganes. Imagino que la imagen de un hombre bien vestido, enajenado, sin muestras de alcoholemia, pasando una media de tres horas sentado en un banco, llamó la curiosidad de las madres de los citados niños.
![]() No recuerdo la excusa que utilizaron para hacer la aproximación, las mujeres son expertas en romper el hielo, a cualquier hombre que hubiera hecho esta aproximación se le hubiera notado rápidamente que estaba intentando ligar. De la noche a la mañana me encontré de estar fuera de servicio a mantener una agradable conversación con varias madres. Esther y Elena, las dos madres más asiduas a nuestras charlas vespertinas, se convirtieron en las salvadoras de mi disco duro, que peligrosamente se había colgado en un bucle. Como las dos eran divorciadas, encontraron una afinidad más intensa con la soledad que podía yo sentir que las otras madres que contaban con el calor de un hogar. Nos autodenominábamos las marujas dado a que actuábamos como tales. Cotilleos del barrio, famoseo del corazón, cocina, trapitos e hijos, era el bloque de nuestra conversación. Visto ahora desde la lejanía me puede parecer algo frívolo pero tengo un recuerdo muy agradable de estas tertulias. Esther y yo empezamos a sentir algo más que una simple amistad y comenzamos la etapa que considero más interesante en una relación, el juego del coqueteo, lo que los mayores de cuarenta llamamos el cortejo y los menores el ligue o enrollarse. Y como dice Mecano en su canción, después de dos cines y un concierto empezamos a salir. La relación con Esther era perfecta, algunas veces incluso la comparo con la relación que mantuve con mi mujer. Mujer culta, educada, simpática, cariñosa, madre perfecta y mejor amante. Disfrutamos de cada segundo juntos y cuando no lo estábamos, éramos como los dos adolescentes, <<cuelga tu, no, tu primero>>, mensajes de <<te quiero>>, <<yo más>>. Durante un año y medio fuimos tremendamente felices. Elena contribuía a esta felicidad ya que era el tercero en discordia. Coincidía con nuestros gustos y aficiones, pasando gran parte del tiempo con nosotros. Éramos tres almas gemelas. Elena sabía perfectamente cuando la cosa se ponía más romántica y siempre discretamente desaparecía. Preparamos, Esther y yo, un fin de semana en Madrid para ver uno de los musicales de moda, con cena romántica y apasionada noche en suite de hotel característico. Y claro salió mal. A la madre de Esther la ingresaron en el hospital y ésta se tuvo que quedar todo ese fin de semana a hacerle compañía. Y para no perder las reservas Esther insistió que Elena ocupara su sitio. Elena cumplió con su labor a la perfección. Musical, cena romántica demasiado regada en alcohol y apasionada noche en suite. El desayuno no fue tan bonito. Tremendo resacón. Tanto por el alcohol como por el enorme error que habíamos cometido. Que había cometido. Esto no tenía que haber pasado nunca. Elena me confesó que se sentía muy atraída por mí y que se dejó llevar. Pero yo la única excusa que tenía era el alcohol. Me sentía como un cerdo. Lo positivo era que yo no sentía nada por Elena. Tenía que hablarlo con Esther, nuestro amor y nuestra relación estaba por encima de este error tonto. Lo nuestro era eterno, indestructible, el amor puro siempre gana. Sólo que habría que poner algo de espacio entre nosotros y Elena. Y lo hicimos. Bueno Esther lo hizo. Después de la madre de todas las broncas. Esther nunca más habló con Elena. Y a mí cada vez que intentaba hablar con ella me mandaba a la mierda. Y lo intenté muchas veces.Lo último que sé de ella es que su madre falleció y pidió el traspaso en el trabajo a la delegación de León. A pesar que lo intente, nunca más he hablado con ella. De pocas cosas me arrepiento en esta vida. Y aprendí una gran lección, pero reconozco que cometí un gran error del que nunca podre perdonarme. Nunca hay que ser sincero con una mujer.
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| Última actualización el Jueves, 02 de Septiembre de 2010 15:04 |




Y lo hicimos. Bueno Esther lo hizo. Después de la madre de todas las broncas. Esther nunca más habló con Elena. Y a mí cada vez que intentaba hablar con ella me mandaba a la mierda. Y lo intenté muchas veces.
Se leyó el artículo de la revista WOMAN que se titulaba: "Cómo cortar con tu novio y hacer que parezca él el culpable".
Le salió redonda la jugada. Seguro que ahora está retozando en brazos de otro.
Aurora, nunca me fiaría de una persona como yo. Y la reflexion final va un paso mas alla de tu moraleja, que por cierto, tienes razon.
porque no sois capaces de tener autodominio???
si tanto la querias porque no evitaste la situación???
mucho rollo, mucha excusica barata, que solo pensais con la p...