| Ángel |
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| Escrito por ALFONSO |
| Lunes, 02 de Agosto de 2010 21:59 |
Él no es un amigo, él es el amigo. Nos conocimos en el colegio rivalizando por ser el chulito de la clase y después de la típica pelea para intentar demostrar quién es el más macho, cosa que como de costumbre no quedo clara ni falta, nos hicimos íntimos. Treinta años de vidas en común, compartiendo juegos, aficiones, viajes, amores, fiestas. Descubrimos la informática juntos, la primera borrachera, la primera vuelta cuando acabas de sacarte el carné de conducir. A los diecinueve reservamos una habitación juntos para hacerlo por primera vez… Para, para, que no es lo que parece, a ninguno de los dos nos gustan los hombres. Lo que quería contaros es que teníamos dos novietas que también eran amigas y que planeamos “hacerlo” por primera vez con estilo y no lo típico de el coche, que por cierto ya conocíamos de memoria, y como a esos años no se tiene un céntimo, pues reservamos una habitación de hotel juntos con la intención de a media noche introducir furtivamente a las chicas. Claro era una situación nueva para nosotros pero al recepcionista le pasaba cinco veces por noche, era perro viejo y nos estropeo el plan. Pagamos la habitación, no la gastamos y acabamos haciéndolo como un porcentaje elevado de nuestra generación, en el coche. Ahora a los cuarenta el divorciado y con tres hijos y yo viudo, seguimos con la misma intensidad nuestra relación y para recordar viejos tiempos decidimos intentar la misma jugada. El plan era ir a una discoteca de gente de treinta y tantos (vamos cuarenta y muchos) y conseguir acabar la noche con dos señoritas en la misma habitación, y quién sabe si con cambio de pareja. Claro que a pesar de la sencillez del plan no fue tan fácil. En el primer intento bebimos tanto y lo pasamos tan bien que pasamos de mujeres. El segundo fueron las mujeres las que pasaron de nosotros. En el tercero no había color que elegir, nosotros no somos modelos pero a los Gremlims no se le puede dar de comer a las doce. El cuarto… El quinto… El sexto… Creo que eso que dicen que en estos sitios de maduritos se liga con sólo pestañear es otra de las grandes mentiras de la ciencia. Esto se convirtió en un reto y una vez al mes salíamos a intentar conseguir nuestro sueño de juventud. Y claro tanto va el cántaro a la fuente que un sábado encontramos a una compañera de instituto con una amiga que buscaba básicamente lo mismo que nosotros. El tiempo no la había tratado tan mal como a nosotros y encima era tan extrovertida como la recordábamos de clase. La noche era perfecta, se iban cumpliendo todas nuestras expectativas sin forzar en ningún momento la situación. Paso a paso se cumplían con creces todo lo imaginado. Cena, puntito de intoxicación etílica, agradable tertulia con risas y bebidas espirituosas, selección natural de parejas, paseo (primeros acercamientos y contactos inocentes) hasta garito de música, copas y bailes latinos (acercamientos y contactos no inocentes). El porno duro es un juego de niños si lo comparas con estos bailes. Hubo un pequeño fallo en la velada. La amiga de nuestra compañera, justamente mi pareja, se sintió indispuesta, por el exceso de alcohol, por la situación ya claramente presentada, al final se tuvo que marchar a su casa. Pero esto en vez de estropear la cosa lo que hizo es mejorarla. Que tiene más valor que las dobles parejas. El trío.No sé que era más excitante, si colarse los tres en una habitación de hotel, si desnudarse uno a otro, la sesión de ducha, la penetración conjunta a la chica o el roce y caricias con mi amigo… Si, con ella estuvo muy bien pero una vez se acabo se durmió enseguida pero mi amigo siguió acariciándome, primero suavemente por la espalda y luego las caricias pasaron a besos que fueron bajando a mis nalgas. Yo me excite en seguida animándome a imitar los movimientos que sus labios producían chispas en mi piel. Sabíamos lo que nos gustaba y se lo hacíamos al contrario. Solo diré que no hubo penetración, pero que no hizo falta. La relación con mi amigo ha mejorado muchísimo, nos sentimos mucho mas compenetrados. Lejos de alejarnos nos ha unido más. Fue una experiencia maravillosa, incomparable que no descarto de repetir a pesar que no se nos ha planteado de momento. Me siento diferente por haber roto esos tontos tabúes que desde pequeño han coartado los sentimientos de los hombres. Los hombres no se acarician. Los hombres no lloran. No se tocan que es pecado. No soy homosexual. P.D. La amiga de nuestra compañera estuvo dos semanas dándole vueltas a la cabeza y tirándose de los pelos por no haberse atrevido a finalizar la velada. Aunque también es mentira eso de que el tren solo pasa una vez, pero eso ya es otra historia… |
| Última actualización el Lunes, 02 de Agosto de 2010 22:05 |



Treinta años de vidas en común, compartiendo juegos, aficiones, viajes, amores, fiestas. Descubrimos la informática juntos, la primera borrachera, la primera vuelta cuando acabas de sacarte el carné de conducir.
Hubo un pequeño fallo en la velada. La amiga de nuestra compañera, justamente mi pareja, se sintió indispuesta, por el exceso de alcohol, por la situación ya claramente presentada, al final se tuvo que marchar a su casa. Pero esto en vez de estropear la cosa lo que hizo es mejorarla. Que tiene más valor que las dobles parejas. El trío.
Sigue besándole el culete a tu amigo con fruición que desde la dirección de esta revista no se te considerará homosexual por esa sana conducta.